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Info al Día

19/09/2018

EN QUE MOMENTO PERDIMOS EL RUMBE

(Rumbo, para todos aquellos que todavía creemos que hay un orden y valores que sostener y defender)

No hay duda de que no solamente el mundo, la sociedad, los adultos y los chicos cambian y que cierto es también que, debemos interpretar y agiornarnos a algunos de esos cambios, pero debemos reconocer que hemos sido sacudidos por un tsunami cultural, instigado por grupos y factores ideológicos con ascendencia en la sociedad y fundamentalmente en nuestros chicos, que pretenden imponernos concepciones que violentan gravemente la naturaleza de las cosas.

En esta oportunidad me centrare exclusivamente en lo que se ha dado en llamar lenguaje y modos inclusivos. Todos neologismos vacuos y cargados de alguna suerte de tilingueria efímera, pero que hoy calan profundo en algunos sectores de nuestra sociedad y principalmente en nuestros niños y jóvenes.

Con ese hábito antiguo propio de exponentes del paleolítico, pretendí pagar un café a una señora con quien mantuve una charla de trabajo, en la que cada uno representaba lugares e intereses opuestos. Quedé estupefacto cuando la dama con cierto enojo y bravía, me acusó de machista por haber tenido la galantería de pretender invitar esa mínima y efímera infusión. En otra oportunidad, también haciendo gala de mi caballerosidad obsoleta, quise ayudar a una señorita a descender de un auto ya que el mismo había quedado distanciado del cordón de la vereda, y ella portaba unos zapatos que le conferían una altura e inestabilidad apuballantes. La reacción de la damisela fue contraer su brazo y espetarme también con enojo, yo puedo sola, no me hace falta ayuda.

Y como corolario de estos ejemplos reales de pérdida de rumbo, con motivo de alguna situación planteada en un colegio, vinculada a esta justa deportiva campal llevada a cabo entre los equipos verdes y celestes, un grupete de jóvenes utilizaba esta autentica deformación del lenguaje de dejar de llamar a las cosas por su nombre, e intenté reflexionar con ellos acerca de los valores que representan el lenguaje y la necesidad despolitizar el modo de vinculación con el otro a través de la palabra.

De los ejemplos reales dados comprobamos la permeabilidad de los jóvenes a asumir posturas y librar ¨batallas¨ que no son las de ellos sino la de los adultos que los influyen. Hoy más que nunca necesitamos docentes y formadores con ideas y conceptos claros dispuestos a asumir su rol de adultos-ley, y con determinación para hacer entender la necesidad de establecer los límites que los chicos piden y necesitan.

Si bien hay una distancia entre lo que pienso, digo y lo que se entiende, la palabra significa y describe algo. La palabra puede herir y ofender, pero por encima de todo puede designar las cosas y situaciones más bellas que nuestros oídos y almas pueden oír y sentir. No es cualquiera cosa la palabra. No da lo mismo decir una cosa u otra. El decir y el lenguaje hablan de nosotros, y cuanta mayor fidelidad tengamos al buen decir, mejores personas seremos y mejores personas haremos.

Esta nueva corriente cree que el lenguaje da una entidad u otorga una naturaleza distinta a las cosas que desde su origen tienen una esencia y un perfil determinado. Si utilizo el genérico ¨todos¨, cuál sería el motivo serio, real y fundado por el cual alguno de esos ¨todos¨ pueda sentir una suerte de pérdida de identidad y/o discriminación. Alguien pretende hacerle creer a los niños y jóvenes que la utilización de ese lenguaje les dará un protagonismo superior dentro de esta vapuleada y confundida sociedad.

Agrego también que recientemente leyendo un Protocolo contra situaciones de Abuso y Violencia elaborado por el Ministerio de Educación del GCBA, su autor se tomó el trabajo de nombrar por separado a ellos y a ellas. Hay que reconocer que el lenguaje inclusivo atemoriza y amedrenta, por lo que nadie quiere ser sometido al escarnio público por rebelarse contra semejante moda lingüística.

Si bien existe una corriente vinculada a la ontología del lenguaje, que destaca el valor intrínseco de cada palabra que utilizamos en nuestra comunicación cotidiana, me pregunto, que piensan los instigadores de este cambio sobre los efectos reales sobre la identidad y esencia de las personas y fundamentalmente de nuestros niños y jóvenes a quienes utilizan con fines desconocidos. ¿Qué fines persiguen ? Serán los niños y jóvenes una vez más los instrumentos desechables de oscuros poderes subyacentes en la (nuestra) sociedad. Los EDUCADORES serios deben hablar con claridad, asumir su rol y establecer límites, sanadores y formadores.

A través del cambio del lenguaje, hay adultos que manipulan a menores haciéndoles creer que obtendrán más derechos y lugares preferenciales en una sociedad que pareciera que solamente está preocupada por acumular derechos, pero jamás en acrecentar obligaciones y responsabilidades. Y esto se refleja día a día en las políticas educativas que pretenden imponernos.

¨Todo es igual nada es mejor da lo mismo un burro que un gran profesor¨, triste profecía discepoleana.

Lamentablemente o no, los niños y jóvenes por más que empecemos a utilizar este vacuo lenguaje inclusivo seguirán siendo niños y jóvenes y ninguna etapa podrán superar o quemar por más versación que tengan en la inclusión de la letra ¨e ¨en cuanta palabra o musitación se les ocurra.

EL diagnostico de este disparate linguístico podría remitirlo a dos constantes, el corrimiento del adulto y su miedo visceral a ser ley y la imposibilidad de establecer límites. Volvemos al tema de los limites.

Si no tengo adultos responsables y conscientes de su rol de padres y educadores, no habrá limites en los hogares ni en las escuelas, y luego muy difícil se hará establecerlos en los futuros adultos.

Tanto los padres y educadores, como los niños y jóvenes, tienen derecho a los límites, los primeros para educar y formar de la mejor manera a quienes deben afrontar el desafío del mundo adulto, y los niños y jóvenes porque deben tener la certeza de que la naturaleza, la vida y el mundo en general funcionan porque hay límites. Cuanto más consciente sea de mis límites, más feliz seré en mi desarrollo y más libertad tendré para conducirme en la vida.

Ahora bien si no puedo asumir mi responsabilidad de adulto, si creo que debo apoyar indiscriminadamente cualquier iniciativa de mis hijos o de niños y jóvenes en general, si creo que es divertido o cool que modifiquen el lenguaje solamente para hacerles creer que son protagonistas de una realidad falsa, o si directamente no tengo agallas de poner límites y establecer valores genuinos, estaremos contaminando y postergando el desarrollo de una generación por cuestiones de mezquindad ideológica, por comodidad o simplemente porque hemos decidido simplemente existir y no vivir con el compromiso y responsabilidad que implica el paso por esta vida, porque como dice la magistral Eladia Blazquez no es lo mismo que vivir, Honrar la vida!

Dr. Marcelo Almonacid

Director
Escuela de Gestión Educativa