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Actualidad Educativa

01/10/2012

NUEVAS REGLAS EDUCATIVAS PARA PROGRESAR

NUEVAS REGLAS EDUCATIVAS PARA PROGRESAR
Acabo de llegar a Shangai, pero pienso en Estonia y me pregunto sobre algo que han estado diciendo el ex presidente Bill Clinton y el presidente Barack Obama.

La revista Wired informó la semana pasada que las escuelas públicas en Estonia están instaurando un programa para enseñar a los alumnos de primer grado -y de los demás años- programación informática. Wired dijo que se elaboró el plan de estudios “debido a la dificultad que tienen las compañías estonias para contratar programadores. Estonia tiene una industria tecnológica floreciente gracias, en parte, al éxito de Skype, desarrollado en Estonia en 2003”.

La noticia de Estonia hizo que el periódico londinense The Guardian publicara una encuesta de opinión en la Red, en la que preguntaba a sus lectores: “A los niños entre 7 y 16 años de edad se les da la oportunidad de aprender a codificar en las escuelas de Estonia, ¿se debería enseñar a los niños británicos a programar como parte de su jornada escolar?”. Es fascinante leer sobre todo esto cuando se está de visita en Shangai, cuyo sistema educativo público en 2010 le ganó a los del resto del mundo en matemáticas y lectura en el examen mundial PISA, aplicado a chicos de 15 años. ¿Responderán los chinos enseñando programación a los preescolares?

Todo eso me hizo pensar en que Obama debería dejar de usar la frase -acuñada primero por Clinton en 1992- que si se “trabaja duro y se respetan las reglas”, se podría esperar que el sistema estadounidense proporcione una vida decente y la oportunidad de que sus hijos tengan una mejor. Realmente me identifico con ese mantra y, estoy seguro, que también muchos electores. Sólo hay un problema: está pasado de moda.

La verdad es que si se quiere un trabajo decente que lleve a tener una vida decente hoy día, hay que trabajar más duro, inventarse a uno mismo con regularidad, recibir al menos alguna forma de educación media superior, asegurarse de estar comprometido con la educación continua y respetar las reglas. No es una calcomanía para el paragolpes, pero engañamos terriblemente a la gente al decirle otra cosa.

¿Por qué? Porque cuando Clinton utilizó por primera vez la frase en 1992, apenas estaba surgiendo internet, prácticamente, nadie tenía correo electrónico y apenas concluía la Guerra Fría. En otras palabras, todavía vivíamos en un sistema cerrado, un mundo de muros, que apenas empezaban a derrumbarse. Era un mundo antes del TLCAN y la fusión completa de la mundialización y la revolución de la tecnología de la información, un mundo en el que los sindicatos y las manufacturas hechas por obreros todavía eran relativamente fuertes, y donde Estados Unidos todavía podía establecer las reglas bajo las cuales se jugaba.

Ese mundo ya no existe. Ahora es un sistema más abierto. La tecnología y la mundialización están eliminando con más rapidez los empleos que requieren menos capacitación, en tanto que incrementan sistemáticamente el nivel de habilidades que se requieren para los empleos nuevos. Más que nunca antes, ahora la formación continua es la clave para entrar y quedarse en la clase media.

Hay una cita atribuida al futurista Alvin Toffler que captura esta nueva realidad: en el futuro, “no se definirá al analfabeto como el que no sabe leer ni escribir, sino como el que no puede aprender y volver a aprender”. Cualquier forma de parálisis es mortal.

Cubrí la convención republicana, y me impresionó observar a mis colegas del Times desempeñarse en un trabajo que ha cambiado tanto. Esto es lo que hace un reportero en un día típico: reportear, presentar para la edición en la Red, presentar para The International Herald Tribune, tuitear, actualizar la edición en la Red, reportear más, seguir los tuits de otras personas, hacer un anuncio en video para la web y luego redactar el artículo para la edición impresa. ¿Quiere ser reportero del Times hoy?

Esa sería su jornada. Se tiene que trabajar más duro y con mayor inteligencia, así como desarrollar habilidades nuevas con más rapidez.

Van Ton-Quinlivan, la vicecanciller para desarrollo de la fuerza laboral y la economía en el sistema de universidades tecnológicas de California, me explicó los cuatro conjuntos básicos de habilidades que hay actualmente.

El primero corresponde a las personas que “están listas ahora”. Se trata de las que tienen las habilidades exactas que busca un empleador en el momento adecuado. Los empleadores ofrecen la primera oportunidad al mercado laboral y las escuelas locales para proveer a esas personas, pero si no las hay, recorrerán “la distancia más corta para encontrarlas”, señaló, y hoy eso podría ser cualquier parte del mundo. Las compañías que no pueden encontrar “listas en este momento” buscarán “listas pronto”, que son personas que con capacitación limitada y aprendizaje práctico, pueden acomodarse de inmediato.

Si no las pueden encontrar, algunas contratarán a las “listas para trabajar”. Son personas que tienen dos o cuatro años de formación posterior a la educación media, a las que se puede capacitar, pero que, debido a los presupuestos cada vez menores de las empresas para ello, quieren que las formen las escuelas públicas.

Por último, están las crecientes legiones de las “lejos de estar preparadas”, que son las personas que desertaron o sólo tienen certificado de secundaria. Sus perspectivas de un empleo decente son pocas, aun si están listas para “trabajar duro y respetar las reglas”.

Razón por la cual si llegamos a tener otro estímulo alguna vez, tendría que centrarse, en parte, en hacer que más gente reciba educación. La tasa de desempleo hoy es de 4,1% para personas que tienen 4 años de universidad, 6,6% para las que tienen 2 años, 8,8% para los egresados de educación media y 12% por ciento para los desertores.

Por eso es que prefiero el nuevo mantra que presentó Clinton en la convención demócrata (que Obama ha tratado de fondear): “Tenemos que preparar a más estadounidenses para los nuevos empleos que se están creando en un mundo impulsado por la nueva tecnología. Por eso las inversiones en nuestra gente -más universidades tecnológicas, subvenciones Pell y capacitación profesional- “son más importantes que nunca antes”.

FUENTE: Diario Los Andes, Mendoza, Argentina

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